La imagen del espejo hoy la cree una extraña pues no tiene que ver nada con la joven ilusionada que quiso comer el mundo viviendo aun en su mente. Esa mujer tan anciana y vencida por la vida no puede ser la misma persona que recrea la memoria, chica de buen parecer que tuvo algo complicado saber a quien escoger con tanto joven rendido a su delicada belleza. Porque ella con todo no era una cabeza loca soñaba con un buen nido para sus hijos criar, ser columna de su hogar junto a un hombre cabal tener una vida plena dando y recibiendo amor. Eligió al mejor candidato ante su joven mirada, que la lucía orgulloso en fiestas y compromisos. Y llegaron los embarazos que tuvieron como fruto dos hijos y una hija. Pero su cuerpo cambió, ya no era planta esbelta con su rostro como flor. Los años siguieron pasando nevando sus cabellos y agrietando su faz, la verdad es que el tiempo con ella fue inclemente. Hoy se encuentra sola, con el marido enterrado, los hijos lejos de casa y por nadie deseada. Ya sólo tiene recuerdos para acompañar sus días, soñando que aun es aquella que conservan los retratos.

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