Cada lugar que visito cada instante que vivo lo experimentan mis manos y el resto de mi cuerpo. Recuerdo los finos granos de arena en la playa, amasarla con el mar hasta darle la consistencia para crear castillos mientras en la orilla me hundía blandamente, las piedras pulidas y conchas con relieves que recorrían mis dedos. En otros momentos he acariciado con cuidado flores en los jardines disfrutando la frágil suavidad digna del más hábil fabricante de finas telas. Cuando he hecho artesanía, he palpado los materiales para saber lo que precisaba, he tomado la áspera lija para pulir rugosidades y eliminar los filos de los metales para hacer adornos, y he notado como crecía la pieza que tejía con mis manos. Y cada día palpo las diferentes texturas de mi atuendo, suaves y calientes durante el invierno finas y frescas durante el estío hasta llegar el reposo que me adormece entre las sábanas. Auxiliadora Pacheco M. Todos los derechos reservados.

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