Una pareja se hallaba en la entrada de la cueva mientras declinaba el día. Habían encendido fuego dentro del refugio natural. El aire les olía diferente y no querían arriesgarse a que se les apagara, estando además la mujer atenta a la caza traída mientras se terminaba de asar. Las nubes se cerraron y una lanza encendida partió en dos un árbol. Inmediatamente, un estruendo resonó en el bosque, asustando a la mujer, que se abrazó al hombre. Tranquila, sólo es ruido aquí estamos a salvo, esa llamarada está fuera, nuestro fuego es manso, nos da luz y calor y nos hace la comida. Es como el Sol al ponerse, que inflama las nubes en una gran hoguera que no lastima. Ya más calmada la mujer contempló las llamas celestes. Poesía y vídeo Auxiliadora Pacheco M. Todos los derechos reservados.

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