Una casa de campo tenía un bello jardín. En el jardín se mezclaban hermosas flores con algunos árboles frutales. Alrededor del jardín había un espeso seto de zarzamora para protegerlo de los intrusos. En una esquina había una morera que daba moras negras muy buenas.
Un día, cuando estaba cargada de frutos, le habló así a la zarzamora:
-Mis frutos son muy apreciados por los dueños de la casa. A los niños les encantan, y siempre piden que les cojan algunos. Mi figura también es alta y esbelta, y doy buena sombra. Tú en cambio sólo das unos frutos pequeños, que no se molestan en recoger, porque están rodeados de fieras espinas. Y no eres más que un seto.
La zarzamora respondió:
-Si no fuera por mí, los dueños no podrían disfrutar de tus frutos. Mis agudas espinas te protegen a ti y a los demás árboles frutales de los ladrones. Si no estuviera, entrarían y dejarían todos los árboles vacíos de frutos. Y mis frutos alimentan a los pájaros, que saben que pueden tomarlos libremente sin ser ahuyentados por los humanos.
Ante esa respuesta, la morera se calló avergonzada.
Auxiliadora Pacheco M. Todos los derechos reservados.

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