Azahara se sentó llorosa en el sofá de su casa. Con un pañuelo se secaba las lágrimas. Era incapaz de asumir lo sucedido. Su querida Pipita había desaparecido. Repasaba mentalmente su historia con ella. Recordó su visita a la tienda de mascotas robóticas. Una amable dependienta le enseñó el catálogo. Cuando escogió el modelo, escribió en su dispositivo las características deseadas.. Azahara eligió un acabado de un bonito oro rosa brillante para su apariencia perruna. Dos días más tarde se la llevaron a casa. Al abrir la caja Pipita hizo destellar sus ojos mientras emitía unos ladridos. Se sintió cautivada y la convirtió en su fiel compañera. Le gustaba sacarla a pasear y jugar con ella.
Pero en la última salida sucedió algo inexplicable. Pipita echó a correr sin responder a sus llamadas y desapareció. Solo podía poner un anuncio pidiendo noticias de ella.
