Pipita

Azahara se sentó llorosa en el sofá de su casa. Con un pañuelo se secaba las lágrimas. Era incapaz de asumir lo sucedido. Su querida Pipita había desaparecido. Repasaba mentalmente su historia con ella. Recordó su visita a la tienda de mascotas robóticas. Una amable dependienta le enseñó el catálogo. Cuando escogió el modelo, escribióSigue leyendo «Pipita»